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Instalación fotográfica en el 30 aniversario de la creación del Arxiu del Port de Tarragona
Autorretrato de un barco llamado Archivo respira de la tradición iconográfica naval de los retratos de Barco, añadiendo la particularidad de que, en este caso, es el propio retratado, el Archivo, quien se dibuja a si mismo, a partir de los registros que custodia. La instalación ha sido creada para desbordar a los ojos y movilizar toda la anatomía. Es una intervención inacabada, que se culmina con cada paso de las personas que vienen a observarla, con todo su cuerpo.

La intervención abarca la sede del Archivo con un gran retrato narrado a través del tiempo, construido con fotografías que registren las vidas que ha tenido y que anuncian que tendrá. La gran imagen se pliega exactamente por mismo lugar donde gira el edificio que representa. La composición fotográfica realiza de esta manera un gesto figurativo, pero amoroso, estrechando la materia que documenta año tras año.

La Instalación convierte en proa del barco en que ha transfigurado todo el edificio. Desde una de sus ventanas hay alguien que otea el futuro, un hombre desconocido que se encuentra exactamente en el mismo lugar donde un día, hace muchos años, miraba a un fotógrafo, igualmente no identificado. La persona representada, tal vez involuntariamente, deviene asimismo carpintero de ribera y vigía de un barco de piedra.

La obra, compuesta de imagen y argamasa, comprime el tiempo, y no tan solo muestra el edificio en construcción, en su astillero urbano. También lo retrata navegando, propulsado -sin duda- por los documentos que contiene. El hombre de la ventana, es albañil, calafate y serviola, que escudriña el destino del edificio, mirando hacia el futuro, del cual todos formamos parte.